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Bosco Cayo: “Por eso creo que es importante no solo en esta obra, sino como en otros lugares la figura de Gladys se ha reproducido, sigue estando en la calle”

El dramaturgo y director de “Los Despertares de Marín” explica su obra fragmentada que navega entre las distintas figuras que conforman a Gladys.

“Los Despertares de Marín” presenta su última semana de funciones en el Teatro Camilo Henríque, un relato que aborda la figura de la histórica Gladys y reflexiona sobre nuestra política y cómo se nos representa.

Bosco Cayo, actor, director y dramaturgo, escribió esta obra por las elecciones del 2017, donde una sensación de incredulidad por los resultados. Este 2023 volvió con “Los Despertares de Marín» y aprovechamos de conversar con él los puntos claves de la obra, su e xperiencia en el teatro y reflexiones sobre la figura de Gladys Marín.

¿Cuál fue tu primer acercamiento al teatro? ¿Cuál es tu recuerdo más lejano de lo que te llamó la atención del teatro?

Yo no soy de acá de Santiago. Nací en el norte, en Chañaral, pero después me fui a vivir a La Serena. Estudié allá mi educación básica y media y me acuerdo que las primeras cosas que vi de teatro las vi por la tele, los comerciales que hacían de obras de teatro de Santiago.

Me acuerdo que era muy chico y hacían comerciales de la Negra Ester y yo decía: “Ay, qué entretenido sería ver esto”. Después ya en la media un profesor quería hacer un grupo de teatro y ahí me uní y fue como la primera experiencia de hacer lo que fue más marcador. 

Me acuerdo que estaba en el Teatro Centenario, allá en La Serena, y ese fue el primer lugar que yo experimenté, como yo diría, la primera experiencia más real de vivirlo. Tenía como 15 años, una cosa así.

¿Cuál fue la primera obra que viste que te hizo clic?

Voy a decir lo primero que me acuerdo. Como experiencia de teatro no es nada muy bacán. Era una obra religiosa, era alguien que actuaba como Cristo, en un teatro con mucha gente.

 “El Cristo roto” puede ser, no me acuerdo. Esa experiencia de ver a ese actor enfrentado, era una cosa bien religiosa, pero dije: “oh, que interesante eso que está viviendo esa persona y que lindo sería vivirlo”. 

Ahí dije “oye, me atrae eso”, pero eso muy antes, ya después ver otro tipo teatro y ver como obras que me ya me marcaron ya con más formación.

¿Y dentro de estas obras que te marcaron, cuáles serían?

Si me acuerdo, como estábamos allá en La Serena, uno veía teatro de región que era muy bueno también, pero teníamos mucho interés en ver teatro de Santiago y me acuerdo que una de las primeras obras que me tocó venir a ver fue «Mano de obra». 

Me acuerdo perfecto el momento en que entré a esa sala y vi esa locura y dije “que entretenido también que el teatro sea esto, que sea una experiencia muy liberadora”.

También vi “La Negra Esther» y también me marcó,  esa sí la ví en región, porque fue de gira a La Serena, que también pasa harto. Que bonito también el teatro, la región y deja huella. Y recuerdo haber visto esa obra y también decir “que ganas de vivir esto”.

¿Cuando entraste al teatro, automáticamente dijiste quiero dirigir?

No, de hecho el lugar que que se conoce como el Teatro Aficionado en una primera etapa, que es un término que no sé si todavía existe, pero en un momento existía cuando yo no estudiaba teatro, pero quería dedicarme a esto porque me acuerdo que di en ese tiempo la PA, como la última prueba de aptitud -así de viejo soy- y no estaba la posibilidad de estudiar teatro allá y tampoco de venirme a Santiago. 

Estudié psicología y quería seguir haciendo teatro. Entonces mientras estudiaba psicología tenía una compañía de teatro aficionados. Empezamos a hacer talleres de personas que iban a la región y ahí empezamos como aficionados y armando con las pocas instancias que teníamos en la región de hacer,  no sé si escuela, sino que acercarnos al teatro desde los lugares u oportunidades que teníamos allá.

Me acuerdo que nosotros tuvimos talleres con Juan Radrigán de hecho, entonces fue muy importante y ahí fue la primera instancia que me tocó escribir una obra de teatro. Me tocó porque decíamos de qué vamos hacer una compañía, necesitamos obra y no queríamos hacer obras de texto que ya existía, sino que inventarlas. 

Yo tenía como 20 años y a mí me tocó ser dramaturgo y a otras personas les tocó ser productora, por ejemplo, y ahora se dedican a la producción. Otros de diseño estudiaron diseño y a mí me tocó hacer dramaturgia y escribir mi primera obra, que se llamaba “Asepsia” y esa fue mi primera obra, así

De ahí no escribo nada más que teatro. Se fue armando el camino y la dirección apareció mucho después.

Entonces esta primera obra solamente la escribiste, no la dirigiste

No, actuaba, pero dirigían otras personas.

¿Y cuál fue la primera obra que dirigiste?

Yo creo que Silabario es la primera obra, como con esta compañía, con Teatro Sin Dominio, después de haber estudiado actuación y yo siento que fue claramente una dirección más personal de decir “quiero trabajar esto, me independizo del mismo texto que escribí, pero me libero y dirijo”. Entonces creo que ahí ya se armó una propuesta más personal, más mía. 

¿Desde cuándo trabajas con Teatro Sin Dominio?

Desde el 2013, con esta obra, con Silabario, que fuimos a presentarla de hecho a la 4.ª región al  Festival Teatro Puerto, como nos vinimos a estudiar teatro a Santiago, decidimos hacer una obra para volver. 

Fue “Silabario” y fuimos al festival y esa es como la primera obra de ese tiempo y de ahí seguimos haciendo obras en torno a recuperar lo que habíamos vivido en la región, porque casi todos los miembros de Sin Dominio son personas que veníamos de la 4.ª Región. Esa compañía quería hacer teatro y no tenía cómo. Tuvimos que venir a Santiago a estudiar a escuelas de teatro después de estudiar nuestras carreras para poder armar nuevamente este conjunto que se llamó Teatro Sin Dominio.

¿Cuál crees que es lo diferenciador o lo que hace especial al Teatro Sin Dominio?

Creo que tiene esa impronta como de mirada de región y también de problemáticas que están como en el medio y que están dando vuelta y que no han tenido un espacio para explicarlo. Como de justicia o de ser escuchado y que creo que en Sin Dominio resuenan por un lado por esa mirada de región y que cambia también un poco la historia como la conocemos, se dan otras opciones de contarse o desde dónde contarse. 

Por ejemplo, en Silabario, habla desde dos profesoras que hacen una huelga de hambre en una escuelita rural al sur, o en “La Dama de los Andes» están estas mujeres que son damas de rojo y descubren un secreto en torno a la dictadura.O acá en “Los Despertares de Marín” como esta Gladys Marín que aparece en el cuerpo de una mujer que tiene un diálogo con este joven comunista en la ciudad de Calama. 

Entonces también son lugares que se vuelven el centro al poner esa historia. Creo que es un poco la mirada que tiene Teatro Sin Dominio y en mi caso personal también es como donde yo me enfoco mi trabajo de dirección. 

Comparto doble militancia con otra compañía que es Compañía Limitada, que siempre dicen “oye son los mismos” y somos los mismos y  las mismas, pero tenemos metodologías de investigación distintas y eso es lo que para nosotros es importante. 

Hablando de “Los Despertares de Marín” y esta figura de Gladys Marín. ¿Por qué elegir esa figura histórica y política importante de Chile?

Mi respuesta sería por qué no elegirla cuando ha sido una parte tan importante de la historia, de porqué de las consecuencias en las que estamos hoy día ¿Y por qué no haberla puesto antes en el teatro? 

Para mí siempre fue alguien que admiré mucho, que me hubiera encantado conocer. No la conocí y desde esas ganas de conocerla en primer lugar, de estar con ella y escucharla, escribí esta obra y en un momento político de mucho miedo. 

Me acuerdo que en el 2017 estaba el gobierno de Piñera por segunda vez y decía ¿ qué está pasando? ¿Cómo está pasando de nuevo? ¿Por qué está pasando esto? Estaba muy defraudado. Entonces me pregunté qué diría Gladys Marín en este momento, después de la historia que hemos vivido.

Entonces este es el momento para escribir sobre ella, que yo admiraba, que no estaba, que ya había muerto y empecé a investigar. Me acuerdo que escribí un primer monólogo que hablaba de ir viajando al norte en un bus como si fuera un tren, y eso quedó. Lo escribí ahí, quedó guardado y con el tiempo después dije “oye, quizás parece que quiero escribir otra escena y otra”, en relación a toda la desesperanza que tenía en ese tiempo. 

Por eso creo que es importante no solo con esta obra, sino como en otros lugares, la figura de Gladys se ha reproducido, sigue estando en la calle.

También tomando en cuenta lo de la obra y pensando como alguien que no ha leído la reseña y nunca se ha enfrentado a ella, ¿Cuáles son los puntos claves para entender esta obra?

Creo que dos puntos claves tienen que ver con que saber: Primero, es que la obra está construida a partir de discursos que son de Gladys Marín, que están, uno los puede encontrar en el medio y a partir de su propia historia, pero que están puestos para construir una nueva ficción donde la podemos ver a ella nuevamente a partir de una situación dramática.  

La obra configura espacios visuales que tienen que ver con lo que ella provocó también en nuestro inconsciente o consciente y la memoria de este país, por ejemplo, en torno a su representación como mujer en un espacio muy machista y muy patriarcal de la historia. 

También es un punto importante que quiere retratar cómo fue tratada también de alguna forma en esta ficción que está contenida en la obra. Y también que para mí era importante si ya estábamos hablando de Gladys Marín, que ganas de que su discurso no estuviera solamente representado o presentado por un cuerpo o por una persona, sino que estuviera amplificado como en distintos cuerpos. 

Por ejemplo, yo si hubiera podido, hubiera hecho muchas Gladys Marín, porque también me daba la idea de que con su propia historia, que nunca iba a llegar realmente a ella porque era como irrepresentable también su figura. Entonces sí la podía pasar en muchos cuerpos también, no la personificaba solo en una y también podía ver las distintas edades, que también me parecía atractiva, porque cuando hacíamos la investigación veía más figuras, por ejemplo de la Gladys más mayor, pero no tanto de la juventud, hay como tres fotos solamente. 

Entonces también queríamos jugar con eso, porque el objeto que estamos mirando también provocó mucha visualidad. También la obra retrata ese lugar y yo creo que también aparece como algo que yo creo que sí tenía la Gladys en algún lugar de su cabeza, o si no, también voy a decir a una mujer que quizás le importaba esto. Yo creo que está en la obra.

Sobre nuestra representación de frente a figuras políticas, sobre partidos políticos, sobre todo, que en esta obra hay un joven que se está cuestionando sus ideales, ¿cuál crees es el aporte o el reflejo que puede hacer el teatro desde las artes frente a nuestra política, sobre todo hoy en día?

Uf, que difícil pregunta, porque estamos también desde el arte reflexionando después de las votaciones, que yo creo que provocó como algo súper fuerte, porque no siempre nos estábamos preguntando a quién estamos representando, como desde dónde estamos puestos, cuál es el lugar desde donde hablamos, de dónde creamos y para quién también. 

Entonces como que esa pregunta fue muy fuerte. A mí me deprimió porque pensaba que todo era más claro y no era tan claro. Creo que estamos en ese lugar y yo creo que la obra primero hace un reflejo de decir si nos hacemos la pregunta, si nos estamos haciendo esa pregunta y la vamos a integrar en una obra, porque en verdad no quiero hacerme el tonto desde mi lugar y decir si estamos desesperanzados, perdimos la fe en algo que en ese tiempo no sabía todo lo que iba a pasar después. 

Y en dónde estamos parados hoy día, que igual me sorprende mucho porque más perdido estoy. Pero sí está la pregunta en torno a cómo seguir creyendo en alguien, en algo, y en este caso se lo plantea el personaje que es el joven comunista y es cuestionado también por la Gladys Marín, pero también es cuestionado dándole una respuesta y que le está diciendo que “párate”.

Entonces la obra es como “deja de hacerme responsable a mí por algo que es tuyo” y es como fuerte también porque le está diciendo “deja de maternar. Yo no te voy a maternar, sino que ahora háganse responsable de esta historia”. Y eso es un acto que a mí me parecía fuerte, pero necesario hacer también como con la misma figura de ella. 

Creo que la obra está volviendo a decirte «Ya po, ¿qué hacemos?»

Respecto a la construcción de la obra, ¿cómo la definirías?

Construí una obra fragmentaria, o sea que no es aristotélica, sino que son pedazos de una misma situación. Y eso de hecho en el texto escrito se va cambiando con el tiempo. Pero de hecho es la misma obra.

¿Y por qué hacerlo de esta forma fragmentada?

Porque así podía jugar con la memoria, porque creo que la obra también trata de reflejar la cabeza de Gladys y cuando uno está recordando no necesariamente recuerda de una forma aristotélica o realista, sino que puede ir adelante o atrás, adelante con el tiempo, confundirse. Creo que la obra refleja eso también, que es una persona que está sufriendo y sufriendo. Yo creo que son los síntomas del trauma.